Platón recargado y La alegoría de la caverna

Alegoría de la caverna –Diálogo de Platón con Alzalíbido…
Era pleno mediodía en Grecia, bajo un áureo cielo despejado, luminoso y soleado, justo en el elevado lugar donde acostumbran levantar las tiendas los mercaderes, donde por hábito uno se encontraba entre la multitud, donde se dejaba intuir la idea del discurso de algún filósofo o se movía uno a evadir las blasfemias de tantos y tantos mercachifles “sofistas”…era extraño, nada, ni huella quedaba del cosmos; de súbito, allí, me encontré solo…
De pronto, un sonido estruendoso me calmó, colmando mi curiosidad. Aunque primero no advertí su procedencia –tengo un pésimo sentido de audición desde recién nacido, lo que me lleva a oír voces sin saber distinguir nunca el quién habla-, noté que venía desde la bajada del ágora y llevaba precisamente a una caverna natural a la que nadie en su juicio acudía, sino que sólo daba lugar a innobles ritos profanos… Cuando ya sigiloso me acercaba a ese agujero negro –imagen que tantos oscuros recuerdos provocaba en mí- escuché yo algo insólito: -¡Ja, jaja, ja! …era lo que decían una “risotada”…
Dentro de la caverna –pido que me perdonen alguna vez los dioses esta maligna genialidad mía de intromisión o introspección-, digo dentro, había un extenso gentío de espaldas a mí, riendo, riendo –que no paraban de reír-. Me apronté de cabeza en medio de esos simiescos, los que además me abrazaron indiferentes, e incluso a alguno se le dio ofrendarme una jarra de licor embriagador que rechacé sin más como siempre-...
Un niño, solo un niño imberbe y lozano, bello y díscolo como los niños suelen ser, se volteó hacia mí y preguntó: ¿Qué te parece, Platón, no es revelador y fascinante?...Al mirar, no pude controlar la histeria y el hipo: ante mí solo había un modesto y pequeño teatro de marionetas que se movían al ritmo de una canción entonada por borrachos y gritando palabrotas alusivas al sexo que todos seguían con espontánea risa…
En un acceso filosófico, acometí al gentío, y les clamé:
-¿acaso no veis la Verdad: que solo son marionetas?
-No, no, respondió el niño, estás engañándote, las marionetas las ves tú, Platón, lo que nos mueve a la risa es esto-, y me tomó con su dulce mano de mancebo y me llevó al otro lado del telón del teatrillo…
Ante aquello que vimos, más indignado aun, fuera de mis cabales, vociferé sin control:
-¡Pero si solo son mortales, huesos y carne, moviéndose para imitar mecánicamente a unas torpes criaturas, malditos monos inanimados!-
En un acceso filosófico, acometí al gentío, y les clamé:
-¿acaso no veis la Verdad: que solo son marionetas?
-No, no, respondió el niño, estás engañándote, las marionetas las ves tú, Platón, lo que nos mueve a la risa es esto-, y me tomó con su dulce mano de mancebo y me llevó al otro lado del telón del teatrillo…
Ante aquello que vimos, más indignado aun, fuera de mis cabales, vociferé sin control:
-¡Pero si solo son mortales, huesos y carne, moviéndose para imitar mecánicamente a unas torpes criaturas, malditos monos inanimados!-
-No, no, querido Platón, es que tus ojos están ciegos de tanto tomar sol y dorarte con quimeras: -¡lo que a todos nosotros nos conmueve es sencillamente eso-!
El mozuelo apuntaba entonces a la sombra que producían los titiriteros y sus muñecos sobre la roca de la caverna. Era eso lo que todos admiraban y bendecían, mientras reían con embriaguez al despertar a la calentura de sus sexos…
Y dije, pues, “la Verdad está fuera, lejos, en lo alto, inaccesible, y pasarán siglos y siglos antes de que la veamos y alcancemos; yo saldré a la luz, a viajar y a escribir cartas séptimas y a convencer a las iglesias de que el mundo no importa ni medio carajo, que el orto es una caverna y el cuerpo es una prisión, y sólo es importante el espíritu absoluto, la idea, mi idea…
-Bueno, bueno, Platón, es sano el delirio; ya has visto la verdad que gozamos, ahora ven conmigo; te mostraré lo que en la tierra suaviza el dolor. Entonces, ese joven exquisito se quitó su vestido y me llevó hacia lo oscuro, hasta fundir su apreciable sombra con la mía. Todo sucedió sin que yo pudiera resistirme, pese a mis divinas palabras, no sin antes interrogarle:
-Pero, tú, ¿cómo te llamo?
-El muchacho sonrío y susurró algo en mi oído…
-¡Ah!, ¡Al-ci-bí-a-des!...bonito nombre; creo que te usaré en alguno de los varios tomos de mis obras completas… y creo que te usaré para algo más; uhm! sí, te usaré…
Ya sin hipo añadí:
-¡Oye, Alci!, ¿te habían dicho antes que me llaman, entre amigos, la Diotima?...
En eso, unos labios de muchacho me callaron.
Sentí que algo en mí se elevaba. Un agujero negro era el mundo. El mundo parecía una caverna. Siempre me puso muy triste e infeliz salir de ahí…entonces, escribía mitos hasta poder volver a la caverna.
El mozuelo apuntaba entonces a la sombra que producían los titiriteros y sus muñecos sobre la roca de la caverna. Era eso lo que todos admiraban y bendecían, mientras reían con embriaguez al despertar a la calentura de sus sexos…
Y dije, pues, “la Verdad está fuera, lejos, en lo alto, inaccesible, y pasarán siglos y siglos antes de que la veamos y alcancemos; yo saldré a la luz, a viajar y a escribir cartas séptimas y a convencer a las iglesias de que el mundo no importa ni medio carajo, que el orto es una caverna y el cuerpo es una prisión, y sólo es importante el espíritu absoluto, la idea, mi idea…
-Bueno, bueno, Platón, es sano el delirio; ya has visto la verdad que gozamos, ahora ven conmigo; te mostraré lo que en la tierra suaviza el dolor. Entonces, ese joven exquisito se quitó su vestido y me llevó hacia lo oscuro, hasta fundir su apreciable sombra con la mía. Todo sucedió sin que yo pudiera resistirme, pese a mis divinas palabras, no sin antes interrogarle:
-Pero, tú, ¿cómo te llamo?
-El muchacho sonrío y susurró algo en mi oído…
-¡Ah!, ¡Al-ci-bí-a-des!...bonito nombre; creo que te usaré en alguno de los varios tomos de mis obras completas… y creo que te usaré para algo más; uhm! sí, te usaré…
Ya sin hipo añadí:
-¡Oye, Alci!, ¿te habían dicho antes que me llaman, entre amigos, la Diotima?...
En eso, unos labios de muchacho me callaron.
Sentí que algo en mí se elevaba. Un agujero negro era el mundo. El mundo parecía una caverna. Siempre me puso muy triste e infeliz salir de ahí…entonces, escribía mitos hasta poder volver a la caverna.
¿Les dije de mi nombre artístico?...